¿Alsacia solo en invierno? Un viaje por la región que enamora en cualquier estación
- 19 ago
- 10 min de lectura
Alsacia es una de esas regiones donde el tiempo parece haberse detenido en los pueblos. No por abandono, sino por decisión: las murallas, las casas con entramado de madera y las torres medievales se mantienen tan cuidadas como en el siglo XV. En mi caso, recorrimos la zona en primavera entre viñedos florecidos, castillos y pueblos que parecen sacados de un cuento, lo que demuestra que la región tiene una identidad que va mucho más allá del invierno. Por supuesto, con los mercados navideños y una de las celebraciones de Navidad más fuertes de Europa, Alsacia se transforma en un destino completamente distinto, pero igual de imperdible.

Antes de viajar
Si vas a ir en época navideña, considerá reservar los pasajes y alojamientos con bastante anticipación, ya que es la temporada de mayor demanda y además suben mucho los precios.
Mejor época para viajar
Alsacia es una región que se puede recorrer durante todo el año, ya que siempre hay actividad y atractivos para disfrutar en cada estación. Eso sí, la temporada fuerte es el invierno, gracias a los mercados navideños, pero tiene su contra: los días son más cortos, así que el recorrido se acota y conviene priorizar los pueblos más grandes en lugar de intentar abarcar toda la ruta del vino. Si lo que buscás es explorar con más tiempo y a fondo, tanto la primavera como el verano ofrecen días más largos para conocer también los pueblos más pequeños.
Cómo llegar y moverse
Los puntos de entrada a la región son la ciudad de Estrasburgo viniendo del norte o Colmar desde el sur.
Si preferís llegar por avión:
El Aeropuerto de Estrasburgo opera principalmente vuelos nacionales franceses y algunas conexiones europeas limitadas.
Sino tenés el Aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo que lo comparten Francia, Suiza y Alemania y cuenta con muchísimas conexiones de aerolíneas de bajo costo de toda Europa.
Si preferís llegar en tren:
Se puede llegar en 2 horas desde Paris o Frankfurt a Estrasburgo, o sino hay conexiones a Alsacia desde otras ciudades de Alemania, Bélgica y Suiza.
Si preferís llegar en auto:
Es la forma ideal de moverse por la región, pero si vas en invierno, tal vez no sea la mejor para llegar desde otra zona por el estado de las rutas y las horas de luz.
En mi caso, llegamos en tren desde París hasta Estrasburgo, un trayecto cómodo y directo. Al principio nos movimos por la ciudad a pie o transporte público para conocerla y recién a la tarde del segundo día alquilamos el auto, que fue nuestro medio de transporte durante todo el recorrido: la ruta del vino conecta pueblos pequeños que no siempre tienen buena conexión de transporte público, así que moverse en auto es lo que permite armar el itinerario a tu propio ritmo y parar donde quieras.
Qué hacer
Esta región idealmente requiere entre 4 y 5 días para poder conocerla en profundidad. Si disponés de menos, entonces seguramente te convenga conocer solamente las dos ciudades principales (Estrasburgo y Colmar) y algún pueblito cercano nada más porque no te va a dar el tiempo a recorrerla extensamente.
Además de los días dedicados a las ciudades te cuento cómo armé mi itinerario por los pueblos: dividí en 2 el mapa de Alsacia, tomando las bases de Estrasburgo al norte y de Colmar al sur. El primer día hice un recorrido saliendo y regresando a Estrasburgo. Luego al otro día ya dejé Estrasburgo para hacer noche en Colmar, y arranqué recorriendo los pueblos que quedaban más cerca de Colmar. Te dejo los links de cómo lo hice para que lo veas.
Estrasburgo
Es la capital de Alsacia y a lo largo de su historia perteneció a Francia y a Alemania intermitentemente reflejando una fusión única entre ambas culturas. Su casco histórico fue el primer centro histórico completo de una ciudad en ser declarado Patrimonio de la Humanidad, y concentra siglos de historia en pocas cuadras completamente caminables y escénicas. La ciudad conocida como la Capital de la Navidad, ofrece una experiencia fascinante durante todo el año, intensificándose con sus mercados tradicionales en diciembre. Te cuento todo el recorrido por Estrasburgo en detalle en este otro post.
Ruta del vino
Antes de entrar de lleno a la ruta del vino, vale la pena desviarse hasta el Château du Haut-Kœnigsbourg, un castillo asomado a una colina con vistas que abarcan toda Alsacia. Sus enormes torres cumplieron una función defensiva ya que está ubicado en lo que hoy es el límite entre las regiones del Alto y Bajo Rin. Abre de 9:30 a 18h, las entradas (12€) no se venden en el lugar sino por Booking, y conviene llegar temprano para evitar las colas.
La ruta del vino arranca oficialmente en Dambach-la-Ville, el pueblo vinícola más grande de Alsacia, productor de Riesling y Gewürztraminer. Esta ruta conecta 4.200 viticultores repartidos en 119 municipios. Un dato para ir observando: a lo largo de todo el recorrido vas a ver nidos con cigüeñas en los techos, chimeneas o campanarios. La cigüeña es el símbolo de Alsacia y se venden todo tipo de souvenirs con ellas como signo de buen augurio.
Si te dirigís hacia el norte, vas a ir atravesando los siguientes: Blienschwiller, pequeño y de fuerte tradición vinícola, con restaurantes y hoteles de buen nivel. Le sigue Andlau, que debe su origen a una abadía fundada en el año 880 por la emperatriz Richardis. Muy cerca, Mittelbergheim conserva la autenticidad de lo simple y cotidiano, y produce uno de los mejores vinos de la región: el Grand Cru Zotzenberg. Barr, aunque diminuto, es uno de los pueblos más pintorescos de toda la ruta. En cualquiera de ellos se puede reservar una degustación en alguna bodega, pero siempre conviene averiguar de antemano cuáles están abiertas ya que depende de la temporada. ¡Y recordá que el conductor no bebe!
También se puede aprovechar a hacer una parada para almorzar en alguno de estos pueblos y probar una tarte flambée, un famoso plato alsaciano que es una especie de pizza de masa muy fina, parecida a un hojaldre.
Si vas con el tiempo holgado (se agregan unos 20/25 min. de manejo, y son 15 km por camino de montaña), un desvío que vale la pena es el Mont Sainte-Odile, un monasterio con una terraza con vistas hacia Estrasburgo y los alrededores en un radio de hasta 50 km en días despejados. Entrada y estacionamiento gratuitos, y hay una cafetería y un restaurante en el lugar.
Volviendo a la ruta, ya más cerca de Estrasburgo, Obernai es una ciudadela medieval fortificada, totalmente rodeada de antiguas murallas de las que todavía se conservan varios tramos. Vale la pena recorrer su casco histórico con su calle principal Rue du Marché y La Place du Marché, que en Navidad es su centro neurálgico. En ella vas a ver la Fuente de Santa Odile, y a su alrededor el Ayuntamiento, el Campanario de la Virgen con su torre, y en el otro extremo el Halle aux Blés (Mercado del Trigo) que era una antigua carnicería y hoy es un restaurant. Otras plazas para visitar son la Place du Beffroi del otro lado de la Rue du Marché, la Place de l'Étoile con el Carrousel de Adam y la Place André Neher donde también se instala un mercado navideño. Por último podés llegar hasta la Iglesia de San Pedro y San Pablo pasando por el Puits à Six Seaux (Pozo de seis cubos).
Este tramo se puede terminar en Molsheim, cuna de Bugatti (fundada en 1909), con una plaza del Ayuntamiento rodeada de casas de entramado de madera y dominada por la Metzig, una antigua carnicería renacentista del siglo XVI declarada Monumento Histórico, hoy convertida en restaurante, y a su lado la Crêperie de Molsheim, lugar para hacer una parada imprescindible. En el centro, la Fuente de los Leones de gres de los Vosgos, y a unos 400 m, la Iglesia de los Jesuitas, una de las más grandes de Alsacia.
Pueblos cerca de Colmar
Nosotros arrancamos el segundo día por Bergheim, que tiene como gran emblema su Porte Haute, ideal para caminar y descubrir sus rincones muy pintorescos a pie, es literalmente un pueblo de cuentos.
Muy cerca, Ribeauvillé que es famoso por su mercado navideño medieval, donde combinan la estética navideña tradicional con una ambientación típica de la Edad Media. La Grand Rue es su arteria principal y concentra los comercios y restaurantes, podés ver el Ayuntamiento, la Porte des Bouchers (Torre de los Carniceros) que separaba el casco antiguo del centro y la Place de la Sinne. O ya fuera del casco, la bodega Maison Trimbach. Te recomiendo perderte caminando por sus callecitas.
A pocos minutos, Hunawihr es el pueblo de la zona menos explotado turísticamente, se pueden recorrer sus estrechas calles bordeadas por casitas coloridas, con la bodega Domaine François Schwach como parada recomendada.
Riquewihr, apodada la "perla de los viñedos", es uno de los pueblos más lindos de Francia. Está rodeado por una muralla medieval, y sus calles empedradas y fachadas coloridas son un clásico alsaciano. Algunas bodegas —como la de la Familia Hugel— abren sus puertas para degustar vinos locales. Hay un trencito, el Petit train SAAT, que hace un recorrido turístico para el que le guste. Imperdibles: el Ayuntamiento que es el portal de entrada al casco histórico, la calle Rue du Général de Gaulle es la principal que te lleva hasta la la Torre del Dolder del año 1291 (una de las torres del reloj más lindas de Alsacia) y la Fuente Sinne. No podés dejar de visitar la tienda de Papá Noel, un enorme negocio dedicado completamente a la Navidad que está abierto todo el año.
Muy cerca se encuentra Kaysersberg, donde las construcciones y hasta la gastronomía reflejan la histórica disputa entre Francia y Alemania por la región. Vale la pena recorrer la Iglesia de la Santa Cruz, la Fuente de Constantin, cruzar el Pont de Bois sobre el río Weiss y si todavía te queda energía, podés subir por un sendero hasta las ruinas del Château du Schlossberg para observar las vistas desde lo alto.
Más cerca de Colmar, Turckheim, un pequeño pueblo en el que podés cruzar cualquiera de sus puertas históricas como la Porte de France, la Porte de Brand y la Porte de Munster para adentrarte en calles llenas de color y flores. Recorré la Place de la Turenne (con su fuente del siglo XVII de la Virgen y el Niño), el Ayuntamiento y la Iglesia de Santa Ana.
Yo terminé ese día llegando a Colmar por la tarde, aprovechando para entrar al alojamiento y salir a recorrerla. Te dejo lo que hice en Colmar en este otro post. Pero sino podés seguir recorriendo los otros pueblos que quedan hacia el sur.
Eguisheim, también figura en el listado de los pueblos más lindos de Francia. Es el pueblo alsaciano por excelencia: construido en un trazado circular alrededor de su castillo, con callecitas empedradas y casas entramadas coloridas. Su calle principal es la Rue du Rempart. En el centro, la Fontana de Saint Léon, en honor al Papa León IX, se ubica en la Place du Château Saint Léon, junto a la Chapelle Saint-Léon IX. Y no te podés perder el Pigeonnier, la casa más famosa de Alsacia, con un parecido llamativo a la casa de Bella en la película de Disney. Perderse por sus callecitas angostas entre casas de cuento es, en sí mismo, el plan.
Mulhouse, a diferencia de los pueblos anteriores, es una ciudad industrial dedicada al sector automotriz. La Place de la Réunion es el corazón de la temporada navideña con un Gran Mercado, enmarcada por la Iglesia de San Esteban y el Ayuntamiento. Mulhouse también es sede de La Cité de l'Automobile, la mayor colección de autos clásicos del mundo, y La Cité du Train, uno de los diez museos ferroviarios más grandes del mundo.
Dónde alojarse
En mi caso armamos la base en dos ciudades: 3 noches en Estrasburgo y 2 en Colmar. Como te conté, esta combinación funciona muy bien porque cada una cubre una mitad del recorrido: desde Estrasburgo es fácil moverse hacia el primer tramo de la ruta del vino, además yo le sumé una escapada a un pueblito de la Selva Negra en Alemania; y desde Colmar quedan a mano el segundo tramo de pueblos y yo le agregué Basilea o sino tenés la opción de Friburgo (Freiburg im Breisgau) en Alemania.
Si preferís una opción más económica, o directamente armar el viaje sin tener que volver cada noche a la misma base, otra alternativa es alojarte directamente en alguno de los pueblos de la ruta —como Riquewihr, Ribeauvillé u Obernai— e ir haciendo base en cada lugar a medida que avanzás. Esto suele salir más barato que dormir en las ciudades grandes y te deja más tiempo real en los pueblos, aunque implica mover el equipaje con más frecuencia.
En cualquiera de los dos casos, la clave es reservar con anticipación en temporada alta (sobre todo, la época de mercados navideños), ya que los alojamientos en los pueblos más chicos son limitados y se agotan rápido.
Tips prácticos y recomendaciones
Free tours: en Estrasburgo y Colmar, así como en varios pueblos de la ruta hay opciones de recorridos guiados gratuitos (a la gorra), es una buena forma de tener un panorama general y está bueno porque suma conocimientos de la historia y anécdotas del lugar a visitar. En Estrasburgo, además, vale la pena sumar un paseo en barco por los canales para ver la ciudad desde otro ángulo. Acá te dejo el free tour que hicimos en Estrasburgo y acá el que hicimos en Colmar.
Estacionamiento: antes de llegar a cada pueblo o ciudad del recorrido, conviene buscar los parkings en el GPS, porque en la mayoría de los casos no se puede ingresar con el auto al centro histórico. Generalmente son de pago o con parquímetro, o están indicados en zonas blancas si son gratis o azules con tiempo limitado, así que es mejor tenerlo resuelto de antemano para no andar dando vueltas.
Alsacia tiene una identidad gastronómica muy marcada, mezcla de tradición francesa y alemana. Entre los infaltables están los famosos bretzels, que se compran frescos en cualquier panadería local, es un pan en forma de lazo, con una textura suave por dentro y corteza brillante con un toque de sal gruesa; o el kougelhopf, un bizcocho típico que vas a encontrar en cualquier boulangerie, y la Nut'Alsace, una crema de avellanas y chocolate similar a la Nutella, ideal para llevar de regreso. Como plato principal, el baeckeoffe es uno de los clásicos de la región: un estofado de tres carnes con papas, cocinado lentamente. Y no puede faltar la tarte flambée, una especie de pizza fina que es, probablemente, el plato más representativo de Alsacia.
Alsacia es una región que no necesita un itinerario cerrado para disfrutarse: entre Estrasburgo, la ruta del vino con sus pueblos medievales y Colmar, hay más que suficiente para armar un recorrido propio según el tiempo que tengas y la época del año en la que viajes. Ya sea en verano, con los viñedos en su mejor momento y los días largos para explorar cada rincón, o en invierno, con los mercados navideños transformando cada plaza, la región tiene identidad propia en cualquier momento del año.
Con esta guía tenés toda la información real para armar tu propio recorrido: no hace falta que sea igual al mío, pero sí que tengas los datos concretos para decidir con criterio propio dónde parar, qué pueblos priorizar y cómo moverte. Alsacia se disfruta mejor así, a tu ritmo y con tu propio mapa en mano.
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